Argentina

“Thiago, Mateo y Ciro”. Los nombres de sus hijos aparecen bordados en el neceser marrón con el que se retiró del estadio. Serán sus hijos quienes hoy por la tarde lo visitarán en una tarde para recargar energías, tras la práctica prevista para las 11 de la mañana (las 5, de Argentina). El Día del Padre aparece en la agenda de una selección que necesita hacer un clic para evitar un lamento mayor en cuatro días.
Ya sin las manos en los ojos para ocultar su tristeza, Messi dejó el estadio del Spartak con otro ánimo. A diferencia de otros golpes que tuvo con la camiseta de la selección, esta vez prefirió mirar hacia adelante y cambió las lágrimas por sonrisas. “Creo que merecimos ganar el partido, ellos prácticamente no hicieron nada más que defender y tirar pelotazos. Sentíamos de verdad que era un grupo complicado, que iba a ser un partido difícil. Físicamente son muy fuertes, Croacia es una gran selección y Nigeria también”, valoró. Y finalizó: “Ahora hay que pensar en lo que viene, descansar, prepararnos bien y no darle más vueltas a este partido”. Si en los 90 minutos en el campo de juego pasó de la ilusión al lamentó, en la siguiente hora y media todo fue mutando hacia la esperanza.
Camisetas oficiales, equipaciones completas, botas de fútbol, chandals, sudaderas y chaquetas.
La sonrisa con la que se despidió antes de subirse al micro de la selección, y partir rumbo a la concentración a 60 kilómetros de Moscú, dice algo más que la bronca que masculló después del penal fallado. Con la cabeza en alto y sin lágrimas. Messi buscará revancha ante Croacia, en una Nizhny Nóvgorod sufrida y trabajadora. La ciudad que supo reconstruirse en un centenar de días. Allí viajará un capitán que necesita dejar atrás el golpe que le significó el empate con sabor a derrota ante Islandia y así resurgir de las cenizas.
Aquella frase, expresada por el entrenador en el lugar de los hechos un día antes, había resonado todavía más fuerte a los 54 minutos del partido, cuando decidió volver sobre sus pasos: adentro Banega, el mediocentro del que tanto esperaba cuando asumió su cargo, afuera Biglia. La sentencia se tachó con la fuerza de un fibrón; había sido el intento de justificar su elección de juntar a dos volantes hechos con un molde similar (Mascherano y Biglia), algo que su propio cuerpo repelía pero que igual decidió emplear. Según sus palabras, le parecía conveniente: difícil convencer al otro (los otros) del valor de una idea cuando es uno el que no está seguro de llevarla adelante. “No salió, para nada”, asumían desde el cuerpo técnico en la noche del sábado, en esa primera lectura que el staff realiza al final de cada partido. Un análisis que, se cae de maduro, tendrá la consecuencia de los cambios: contra Croacia, el esuqema y algunos apellidos no serán los que fue contra Islandia.
Encuentra zapatillas y botas de fútbol baratas:Magista, Mercurial superfly, Tiempo.
El cambio de figuritas que decidió el entrenador, una declaración de arrepentimiento también, procuró contar con el pase de salida más claro y ofensivo que puede darle Banega (o Lo Celso o Enzo Pérez, los volantes interiores que tiene el plantel) y no tanto los dos gladiadores de Brasil 2014. Los intentos del volante de Sevilla no fueron una solución lujosa, pero al menos evidenciaron que la lectura previa había sido incorrecta; si la Argentina tuvo la pelota el 73 % del tiempo no fue por el aporte de los dos números 5: fue porque a Islandia ni le interesó disputar la tenencia.